
Introducción
En una clase de filosofía, recuerdo que el profesor Quintanilla comentaba sobre un panorama de la ética. Presentaba en breve los argumentos de la éticas deontológica, consecucionalista, de los sentimientos y la naturalista. Esta última estaba muy cerca de las concepciones materialistas acerca de la dicotomía cartesiana entre el Alma y el Cuerpo. Proponía que los comportamientos morales procedían de genes innatos. En ello jugaban los presupuestos de orden más biológico. Los naturalistas –pese a que se enfrentaban a la teoría evolucionista de Darwin, que según De Waahl sugería que el hombre no solo quedaba definido en su innatismo, sino que se desarrollaba culturalmente– respaldaron los avances de la medicina, en particular, de la neurología. Los neurólogos eran capaces de conocer la conducta o la psicología de los individuos en base a los procesos bioquímicos efectuados en la organicidad de los mismos. Entre sus avances, se destacaban la utilización de sustancias químicas para canalizar las emociones, los sentimientos, la memoria, entre otros que influían en la conducta y la cognición humanas. Así, varios postulados enriquecían las intervenciones clínicas de los médicos que hacían uso de la neurología.
Quintanilla se dirigía con todo esto a dar forma a un debate en torno a la ética. Si somos capaces de regular las conductas amorales con solo inocular sustancias bioquímicas o si no somos capaces de hacerlo pues eso implicaría anular la formación nata del individuo. Por esta segunda posición estaban todos aquellos filósofos que desde la antigüedad habían reflexionado sobre el humano, sin saber con seguridad si había factores internos que formaban la conducta. Desde Platón hasta Jhon Stuart Mill o Bentham estarían en esta posición. Es decir, casi buena parte de la filosofía occidental no había prestado mucha atención a los procesos biológicos. Es con Lamarck, Darwin y Freud que se empiezan a tener en cuenta elementos innatos determinados científicamente.
Un ejemplo concreto de esa discusión es el empleo de agregados al neurotransmisor conocido como la cerotonina. El bajo nivel de él eleva, según los científicos, la depresión; mientras que su alto nivel lo baja. El profesor comentaba que se hizo experimentos en delincuentes para que la agresividad y la tendencia a transgredir el orden puedan ser regulados con la nivelación de tal neurotransmisor. Esto me trajo a pensar cuando Alex pasó por el tratamiento, o técnica, Ludovico. Hay una muestra de esa primera posición científica por dominar la cognición autónoma en favor de corregir la moral. Una ética que estaría más de lado de controlar y restar la libertad de los individuos. Es esta lucha entre éticas que está sugerida en la película. Pero, este contrapunto ético que solo sea el inicio. En la entrega de Kubrick hay más en reflexión.
Consecuencias de una violencia
Con ya los denominadores artísticos de alto relieve puestos en el entorno de los Droogs, en las casas asaltadas y en el teatro¹, la violencia es la protagonista sobreentendida en la primera parte y a lo largo de toda la película. Una banda criminal goza atentando contra los individuos. No es solo que busquen dinero. El líder del grupo muestra placer a la hora de liberar su agresividad. Los demás integrantes siguen este placer. Luego, se ve que la sociedad de la película reacciona contra la banda. Como en las sociedades reales, existe un cuerpo que vigila el orden, la Polícia. Por ello la violencia, el robo, el ultraje, son mal vistos; la banda es la única que los busca como un bienestar. El hedonismo de la banda no tiende a ser compartido por la sociedad en oposición al bienestar público y privado. La película no ocurre en una ficción muy adversa a la realidad de los años setentas; más bien es una similar y favoreciente a esa realidad. La moral del mundo occidental es la atacada en esa ficción.
Ese hedonismo, el placer, que se ríe del sufrimiento humano, por infligir violentamente no solo es opuesto a la moral ciudadana, también es opuesto comparativamente a la violencia de esa sociedad. Esta última solo se desata cuando los individuos tienen que defenderse o atacar; entre Estados cuando hay guerras. Pero en ambas acciones los individuos están afectados, están enfurecidos: demuestran un malestar en vez de algo placentero. La violencia es un medio último donde impera el entendimiento intersocial. Entonces, si lo usual es esto por qué en Alex y otros personajes menores se da ese hedonismo en la violencia. Kubrick pareciera afirmar que hay una violencia pese a esa paz colectiva, la cual es cardinal en esa sociedad y la nuestra. El Estado entra después para eliminarla, y lo hace paradójicamente con violencia.
Aquí ya viene la lucha entre las éticas, pero no es solo esa. En el mismo momento que el Estado aparece apresando a Alex, aparece la lucha entre dos violencias. Una, la del individuo que solo es antecedida por alguna motivación irracional o no clara, simplemente. Y la otra, la del Estado. Por encima de cada una de esas dos violencias, están las dos éticas. Dicho mejor, la lucha entre las violencias está por debajo de lo que se debe hacer para aplacarla, la lucha de las dos formas de reformar a Alex, que comporta a su vez las dos posiciones éticas antes indicadas. Sin embargo, la misma intervención del Estado no solo significa e implica la administración de una violencia y de una moral, también significa la del poder. La política que está relacionada con el manejo y control del poder por parte del Estado también entra a tallar. La lucha política del Estado entre el individuo es la última.
La Lucha de las violencias
Alex es golpeado por la policía cuando es apresado. Después es enviado a prisión, junto a presos mucho mayores que él. Tanto ellos como los oficiales son amenazas para él. El Estado lo recluyó para que dentro de una pena de catorce años salga arrepentido de sus penas. En la película ninguna línea de los parlamentos afirma esto último de llano, pero sí varios de ellos lo sugieren (sobre todo, el anuncio que hace el ministro cuando muestra ante el público las pruebas de que Alex está listo para retornar a la vida ciudadana). Puesto así, el funcionamiento del aparato judicial es similar a cualquiera de las democracias actuales. El propósito del Estado es lograr el arrepentimiento del delincuente, para posteriormente restituirlo a la Sociedad. Esto es, se trata de castigar a los criminales por los daños que han causado, para que después logren reformarse como ciudadanos justos, comunes y corrientes. De aquí resultaría la violencia por parte del Estado sustentada en el bien común y, a la vez, en el bien individual. Sin embargo, este logro ético bilateral no se satisface, al menos, del todo en la película.
Hay una diferencia importante entre las dos violencias, la de los ciudadanos transgresores del orden y la ley, y la del Estado. Como bien señaló Foucault², la primera muchas veces tiene carácter público; mientras que la segunda suele tener un carácter algo privado. El caso de Alex se pudo ver en los diarios haciéndose público. Los titulares indican el crimen cometido. Seguramente, como ocurre en nuestras sociedades, no se informa sobre los pormenores de los sucesos ocurridos durante y en el encarcelamiento. Así, la información sobre la violencia por parte del Estado no es hecha pública por los diarios. Ni que decir que sea vista. La reclusión del delincuente es resguardada por las autoridades carcelarias. El Estado privatiza los hechos dentro de la prisión en la película.
Según Foucault, el castigo de los crímenes en Francia en los siglos XVIII y XIX fue cambiando de acuerdo a como se tomaba partido por el cuerpo del castigado. Al principio, la violencia del Estado era pública de manera que así la Sociedad era advertida, y además era parte del enjuiciamiento moral y punitivo sobre el maleante. Aquí el cuerpo era despiadadamente dañado. En términos de Foucault, el condenado sufría un suplicio ceremonial. Más tarde, la justicia penal cambiaría; ya no se encargaría de causar dolor corporal al condenado, sino que lo castigaría arrebatándole derechos, es decir, capacidades no corporales. Es así como la condena pasa a hacer sufrir al alma, y no centralmente al cuerpo. Pues de todas maneras el cuerpo del recluso sufre. Pero ya no las penas despiadadas del suplicio (el filósofo francés mencionaba el látigo, el patíbulo, la horca, la guillotina, la picota, entre los métodos de suplicios).
Este cambio se explicaría porque hubo una serie de hechos, antes de que, según el autor, se deba a un giro humanista de la crimenología. En todo caso, sí afirma que hubo un pudor judicial; castigar se vuelve un hecho trágico y nada honorífico, más bien, vergonzoso para el Estado. "Es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar... La ejecución de la pena tiende a convertirse en un sector autónomo, un mecanismo administrativo del cual descarga a la justicia³". Por esta razón, el Estado en la película también viene cambiando su manera de castigar. La violencia se llevaría de manera terapéutica, ya ni siquiera en una reclusión con unos prisioneros capaces de abusar del prisionero. La violencia casi desaparece al someter a una terapia al paciente, ya no como delincuente propiamente dicho. El autor también señala antecedentes o similaridades con la puesta en práctica del método nuevo del gobierno: "El recurso a la farmacología ya diversos "desconectantes" fisiológicos, incluso si ha de ser provisional, se encuentra dentro de la lógica de esta penalidad "incorporal". Ello nos llevaría a la segunda lucha.
La Lucha de las éticas
El ministro Frederick elige a Alex para que sea sometido a un método científico. El resultado es que Alex no puede agredir físicamente, ni obedecer a otros impulsos fisiológicos. Solo obedece a alguno toda vez que haya un estímulo a su violencia o su agresividad. El impulso es las ganas de vomitar. Se presenta de manera automática e involuntaria apenas Alex quiera reaccionar voluntaria y violentamente ante un estímulo violento, o solo provocador de violencia. Su organismo ha sido modificado y antecede a su razón. Este hecho tiene consecuencias convenientes para la Sociedad, pues se acaba de desprender de raíz la amenaza que tenía la conducta violenta de Alex. Pero el Estado no tenía como propósito solo acabar con una amenaza perjudicial contra la Sociedad, sino que también contra el mismo bienestar individual del criminal. Como ya se había dicho, no se satisface el logro bilateral ético. Así la película muestra las consecuencias de una escisión de las dos éticas señaladas al comienzo.
El parlamento que indica la posición ética contraria a la de los científicos de manera genial es el del sacerdote cuando interrumpe el anuncio del ministro. "The boy (Alex) has no real choice, has he? Self interest. The fear or physical pain drove him to that grotesque act of self abasement. It’s insincerety was clearly to be seen". Aquí se implica una crisis para el criminal repuesto por el método Ludovico, puesto que a diferencia de un individuo común no tiene autonomía sobre sí mismo, sino que lo coloca en contra de sus pensamientos y su mente. La violencia y Beethoven no son rechazados por Alex, sino por su organismo. No hay, pues, una reparación del individuo, sino una alteración. Una alteración que produce varias consecuencias como el hecho de que no puede defenderse de agresiones. Alex sigue siendo castigado ahora por los vengativos a quienes hizo sufrir antes.
Se desprende una consecuencia de los hechos de esta lucha y, además, de las dos posiciones opuestas. El organismo no es otra que la minuciosidad del cuerpo; mientras que la voluntad es la minuciosidad del alma. Tanto universalistas, utilitaristas y demás tendencias éticas, en último término, predominarían lo abstracto del alma sobre el cuerpo, la concreción del ser. Lo inverso ocurre con los científicos al descubrir experimentalmente lo que se encuentra en el cuerpo. Así volvemos a la dicotomía cartesiana. Y cuál de estas dos posiciones éticas se imponen, imponiéndose el alma sobre el cuerpo, o viceversa. Creo que, al menos, la película sugiere que la ética más científica podría fracasar pues solo juega al servicio de estructuras políticas, ayuda a ser la piedra de toque de los poderosos, que quita la autonomía de los individuos. Sin embargo, cuidado aquí, ‘podría’. El individuo puede bien estar de acuerdo con ser instrumento del poder; no porque lo sepa necesariamente, solo porque así actúa y así se considera libre para sí. Este individuo solo sería la componente inicial de todo un colectivo, primero concreto, y luego abstracto o producto de una intelección empírica (o sea, de manera sobreentendida a partir de nuestros entendimientos en nuestra experiencia). Desde la posición de los ilustrados, bien esto no tendría mayores dubitaciones: la ética científica fracasa. Más me inclino por este juicio.
La Lucha política entre el Estado y el individuo
Esta lucha es vieja. Pertenece a nuestra guerra con las estructuras de dominación. Esto lo sabemos desde que conocemos nuestro lío en las aportaciones de Weber, o de manera bastante furtiva y casi ilusoria con Platón. El individualismo empezó a dar cabida al autoconocimiento del individuo. Esto se podría rastrear desde que empezó a gestarse en el pensamiento occidental, desde sus primeros exponentes en la filosofía moderna, en las asunciones del secularismo y en las manifestaciones renacentistas del antropocentrismo. Esta guerra en la realidad es manifiesta. Lo vemos todos los días. En todos aquellos que se muestran en desacuerdo con las políticas públicas o con la ausencia de estas. Porque nuestra convivencia social de suyo bajo la dominación del Estado suele ser problemática. Pero, hasta el momento, no imposible, ni mucho menos evitable. La prueba irrecusable es la historia del Estado.
El individualismo, más aun, comporta extremismos en la concepción del hombre contemporáneo, de ese hombre que vive en una sociedad, pero porque consume y produce en ella. Aquí ya en el saber político, se interpola con el liberalismo. Alex bien es un ejemplar extremo de ese individuo liberal y apartado no solo por su estilo de vida de los demás, de sus convecinos y de sus conciudadanos, sino por sus creencias que son subversivas a la estructura social. Su poder en tanto que atenta contra el poder legítimo y manifiesto del Estado, es reprimido. La Naranja Mecánica muestra a un Estado pillo, el usual truhán que estratégicamente ejerce el poder, y crea los mecanismos suficientes para legitimizarlo, y legalizarlo. Un Estado que Kubrick muestra dentro de los cauces de los países democráticos reales. La representación del poder del gobierno se personifica en la figura del ministro.
La figura del poder opositor, de la oposición al poder del Estado aparece en los amigos del escritor reaccionario. Los opositores buscan aminorar la popularidad del gobierno, mostrando el fracaso o el atentado contra los derechos de Alex. Sabiéndolo del diálogo final entre Alex y el ministro, los opositores planeaban denunciar la muerte de Alex a causa del nuevo método penitenciario, luego de cometerla. El ministro en este diálogo negocia con Alex su bienestar a cambio de que él sea agradecido y se muestre restituido públicamente a la Sociedad. Esto ayudaría a levantar la popularidad del gobierno. Ambos logran el acuerdo. Y Alex dice estar curado por fin.
El Estado logra hacerle saber que la violencia no está permitida en su Sociedad y que solo él es el único que puede usarla. Sin embargo, la violencia aún no ha sido extraída de Alex, menos de sus creencias. En escenas anteriores, Alex es sometido a una prueba por una siquiatra. La prueba de seguro arrojaría nuevamente resultados que evidencien sus complejos violentos o despreocupados por el bienestar de los demás. Solo es un armisticio, entonces. Un armisticio que el Estado, con esa actitud, especulando, buscaría que se prolongue. La dominación en buena cuenta consta de esto. Lo grave o lo denunciable del tramado final de la historia parece ser que finalmente al Estado no le importa conseguir la armonía bilateral de las dos éticas. Solo le importa tomar partido por una o por otra de acuerdo a su conveniencia. Y, dejando esta entidad abstracta, que el verdaderamente al mando del Estado está un partido, y que él no busca el bienestar desinteresado de los gobernantes, sino que solo busca el propio. Una dominación legítima a los ojos de todos los ciudadanos, pero ilegítima a los ojos de unos pocos, los que sufren de las fechorías de aquella.
Epílogo
El trasfondo a los postulados políticos, éticos, sociológicos y psicológicos que brinda esta película es vasto. Todas estas luchas se encausan en una sola tensión, el individuo libre (hasta fomentar la violencia y la delincuencia) contra el Estado justo (hasta ser opresor y demostrar pretensiones partidarias y despóticas). Así, Kubrick armoniza una entrega artística con una crítica intelectual por debajo de la mesa. Indudable decir que es una buena película.
Volviendo a leer, se puede deducir de lo que he señalado de la posición ética científica favorecería los intereses del Estado dominado por el gobierno de turno en la película. Creo que si es falto de argumentos aún, al menos también coincide con lo deducible o lo visible en la trama de la película.
Entre algunas ideas finales, podría destacar que la crítica de la película al Estado y también a la Sociedad (pues, dentro de ella se obra con violencia; todos de algunas manera tenderían hacia el papel de un delincuente) se cierne en un marco individualista, más que en uno de clase o de estructuras sociales distinguibles o importantes. Lejos de haber variables sociales, hay más variables individuales que muestran desde jóvenes criminales hasta artistas, reos; sin que el relato y las imágenes del filme hagan hincapié en sus diferencias sociales. Mi creencia va por el lado de sospechar que ello se debe a la época de los setentas. En este momento se gestan marchas que, por un lado, detractan al régimen norteamericano. A finales de los sesentas, el clima álgido de las grandes masas estudiantiles causan desazón al gobierno norteamericano. Tanto hippies como activistas sociales que deploran las discriminaciones contra los afroamericanos, feministas que tanto en las universidades, o en los espacios académicos, como en las calles proclamaban sus derechos y la opresión infligida por el machismo; todos ellos estaban implicados en un momento singular del conflicto entre el Estado y el individuo. Es aquel donde la ética se divorcia de la política, y donde las libertades son utilizadas sin escrúpulos de manera discreta. Si bien la crítica que hace la película es desde los individuos, su realismo metatextual responde a desigualdades sociales que se reflejan en ese divorcio. Divorcio que también el gobierno en la figura del ministro Federick evidencia al final de la película.
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¹Además de esos lugares, hay dos escenas artísticas sugerentes y de difícil interpretación. Una es la formada por la oposición política, el escritor Alexander y sus aliados, un hombre y una mujer, que se posan cómplices luego de encerrar a Alex en una habitación; el escritor reproduce malévolamente la novena de Beethoven. La otra es la última escena; aquí parece ser que Alex está revolcándose en una especie suelo nevado con una mujer, mientras alrededor de ellos un público expectante, y dispuesto en dos frentes, aplaude lo que pasa al medio.
²Véase la primera parte del libro del autor Vigilar y Castigar, Suplicio. I. El Cuerpo de los Condenados.
³Ibíd, p. 17.


